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El Presidente Santos, sorprendió en días pasados, al referirse a los ataques cada vez más abiertos y agresivos contra la ley de víctimas y restitución de tierras, que vienen levantando sectores oligárquicos seguidores de Uribe y poderes regionales, de conocidos nexos con el paramilitarismo.

En los días anteriores, desde Sabanas de San Ángel, municipio del sur del Magdalena, zona de grandes latifundios y control paramilitar, en un discurso de plaza pública, J. F. Lafaurie, presidente de la Federación de ganaderos, gritaba enloquecido, oponiéndose abiertamente a la ley de tierras, planteando que ésta atenta contra quienes de manera legal, limpia, angelical y de muy buena fe, eran propietarios de las mismas.

Como era de esperarse, en el mismo sentido y con la misma agresividad se han expresado el Procurador, otros voceros de la extrema derecha, y varios políticos y gamonales de la costa Caribe.

Aunque parezca mentira, los grandes terratenientes, quienes en los años de la mayor barbarie y despojo paramilitar, expropiaron a sangre y fuego a millones de campesinos en todo el territorio nacional, dando lugar a unos 7 millones de colombianos desplazados, han conformado la 'Asociación colombiana de víctimas de restitución de tierras'.

Ahí esta pintada la oligarquía colombiana. Esta es una buena fotografía de Lo que históricamente ha pasado en el país: “los pájaros tirándole a las escopetas”; los victimarios, auspiciadores del paramilitarismo, promotores del desplazamiento y quienes se han usufructuado del despojo, hoy se presentan como las víctimas, como parte decisoria de “la comunidad de víctimas”.

Así van haciendo lo de siempre, gracias entre otras, a su control sobre los grandes medios informativos, van trastrocando, van dándole vuelta a la realidad y a la verdad histórica, hasta que las verdaderas víctimas, o sea los campesinos desterrados, sus organizaciones y sus acciones de lucha, van quedando como los victimarios. Mientras que ellos, los directos responsables, van quedando como las dulces e inocentes “víctimas”.

Ello hace parte de una gran operación que viene en marcha en estos años. Las elites dominantes y los Estados Unidos, valiéndose de los grandes medios de comunicación, la Procuraduría y demás entidades del estado, han manipulado e invertido la realidad misma.

Están logrando que la clase dominante y el Estado colombiano, desaparezcan de la historia y la memoria del país, como los grandes responsables del terrorismo de Estado, del paramilitarismo, de la usurpación de tierras, del genocidio, de los 7 millones de desplazados y demás atropellos históricos.

Mediante el control de los medios informativos, sus generadores de opinión, y de manera más radical, la fracción de Uribe, de paramilitares, empresarios y terratenientes, se lavan las manos manchadas de genocidio y reclaman a voz en cuello, la condena y la cárcel para las guerrillas, haciendo hasta lo imposible por mostrarlos como los mayores responsables de todo lo malo que ha sucedido en el país.

Pero este rifirrafe entre sectores de la oligarquía colombiana, a propósito de la restitución de tierras, desnuda otro de sus perfiles. En pleno proceso de paz, cuando a través de los grandes medios y funcionarios del Estado, le exigen a las guerrillas lo divino y lo humano y que a cambio de nada o de etéreas promesas, éstas transiten hacia su institucionalidad, su legalidad y sus marcos jurídicos; mientras ellos, no están dispuestos a cambiar, ni a facilitar los cambios que nos enrumben hacia la solución política y a un clima de paz.

Miremos esto, a propósito de la ley de tierras. Además de las limitantes y carencias que se le han señalado a la ley 1448 del 2011, expedida hace 6 años, ésta, en buena medida, se ha quedado en el papel, porque su aplicación hasta ahora ha sido mínima. Ha sido más alharaca y propaganda oficial, que hechos y realidad.

“De 87.118 solicitudes de restitución de tierras, sólo 2.943 han sido resueltas, es decir, únicamente el 3,4 por ciento, y de los 32 departamentos del país, en 15 no se ha restituido ni una sola hectárea”, según estudio reciente de la Universidad de Antioquia. De estos temas y en la misma dirección hay importantes y documentadas denuncias de Jorge Robledo y otros senadores, de sectores de la Academia, de organizaciones campesinas y organizaciones populares.

Los desplazados han denunciado falta de garantías para volver a sus fincas, porque se encuentran amenazados y han asesinado a decenas de sus dirigentes. “Por ahora nadie se atreve a volver”, le dijo un campesino al portal Verdad Abierta.

Alfredo Molano, en un artículo reciente dice que: “La restitución de tierras ha sido un fracaso absoluto: 233 sentencias y 15 mil hectáreas devueltas a sus legítimos dueños. Una gota en un océano de seis millones de hectáreas robadas a motosierrazo limpio”.

Pero aun así, una parte de la clase dominante sale a atacar la restitución, a perseguir, estigmatizar y asesinar a los reclamantes de tierras. Es claro que hasta ahora la oligarquía no está dispuesta a ceder ni un milímetro, en función de los puntos mínimos para avanzar hacia la solución política y la paz.

Esa es la cuestión que a diario ocultan y que nunca dicen los grandes generadores de opinión. Nunca los medios de prensa van a decir, que Colombia no aguanta más esas conductas de las clases dominantes, que ellas son un obstáculo para la paz y que comportan una actitud de engaño y mentira.

Para el presidente del gremio de los grandes ganaderos, la restitución “es el primer paso para la entrega del territorio nacional a las Farc”. Pero con disparates como éste, la manipulación de medios y el amedrentamiento, logran movilizaciones como la del pasado 2 de abril y claro está, junto a demostraciones de fuerza como la del paro armado de sectores paramilitares, realizados simultánea y complementariamente. Una vez más, la oligarquía combina todos los medios de lucha.

El Ministro de Agricultura, esta semana, en declaraciones por los medios de prensa, expresó que lo han amenazado los sectores anti restitución en cabeza de Lafaurie. La pregunta es, si amenazan a Iragorri -integrante de una de las familias más tradicionales y de alto abolengo del Departamento del Cauca-, ¿qué nos espera a los demás?

Es claro que la oligarquía, no dará o cederá nada a las buenas. A ellos no les importa Colombia, le importan sólo sus intereses y el control del poder. Sólo la fuerza del pueblo movilizado, la confluencia de las mayorías, la unidad de los de abajo, podrá obligarlos a ceder, a aceptar otras variantes que nos enrumben por los caminos del cambio y de la paz.

¿Cuáles son los compromisos reales de cambio, a los que está dispuesta la oligarquía, para avanzar en la solución política, en los caminos hacia la paz y nuevas realidades? De las respuestas a estos interrogantes depende que avance o no el proceso de solución política con las guerrillas y que el país marche hacia un futuro diferente de paz con justicia social y equidad. Nosotros estamos dispuestos a avanzar, si los de las elites, se comprometen a cambiar y el país obtiene garantías reales y efectivas de que ello se va a cumplir.

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