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En su Congreso Nacional número cinco, que finalizó en diciembre de 2014, el Ejército de Liberación Nacional definió por consenso, continuar desarrollando el proceso de diálogo exploratorio, que se traía con el gobierno del presidente Santos; es decir, que la Delegación de diálogo definida en este Congreso cuenta con el respaldo de todos los Elenos.

Si bien del lado del lado nuestro, existe consenso sobre cómo enfrentar el desafío de buscar la paz; del lado de la clase gobernante colombiana, la situación es completamente distinta, porque hay a su interior un grave fraccionamiento al respecto.

Mientras el presidente Santos jalona la búsqueda de la paz, más a su derecha se encuentra el ex presidente Uribe, oponiéndose y torpedeando este proceso de manera activa y peligrosa, porque para cierto accionar se sale de los parámetros legales, saltándose las reglas del juego.

Esto coloca el proceso de paz en una delicada encrucijada, porque Colombia y buena parte de la comunidad internacional conocen, que el ex presidente Uribe está gravemente comprometido con el paramilitarismo, desde antes de ser presidente y en su contra existen muchas denuncias con evidencias fehacientes que lo comprometen.

La situación es muy delicada si se tiene en cuenta el actual repunte paramilitar y de guerra sucia, que ya deja una alta cantidad de asesinatos de líderes de izquierda, dirigentes populares, reclamantes de tierra y defensores de los derechos humanos.

El reciente paro armado desarrollado por los paramilitares denominados Urabeños, desde días antes que Uribe convocara una marcha contra el proceso de paz, muestra un avance de la extrema derecha, con sus dos expresiones tradicionales, la legal y la ilegal, que deja en evidencia las trancas que tiene el proceso de paz y exhibe claramente la carencia de garantías, para adelantar la lucha social y política legal.

¿Cómo avanzar en la superación de esta realidad, que está torpedeando el proceso de paz? ¿El problema se resolvería con sólo enfrentar a los Urabeños?

Frente a esta tozuda realidad, no podemos olvidar otra dificultad enorme que enfrenta este proceso de solución política del conflicto, representada en las grandes diferencias existentes entre las Partes, respecto a cuál es el objetivo de la paz. El gobierno ha sido claro en que no está en cuestión el modelo económico y político del país, ni su doctrina militar; mientas para la insurgencia la paz sólo es posible si se resuelven los problemas que originaron el conflicto; como son la exclusión política violenta y el empobrecimiento acelerado que ocurre en Colombia, el país más desigual del continente; lo que ha hecho imposible luchar por el poder desde la legalidad.

Lo que debe cambiarse es este régimen violento de derecha, que reproduce a diario la anti democracia; y hasta ahora lo que se observa es la poca voluntad política para cambiar, que poseen las elites dominantes; que la ocultan con la propaganda derechista, que sostiene que a la insurgencia nos falta voluntad de paz.

La encrucijada en que está la paz de Colombia, sólo se pueden resolver con una masiva y protagónica participación de la sociedad excluida del poder; quien con verdadera creatividad, debe asumir estas realidades.

Esperamos que la capacidad de las Partes, incorpore de verdad, el torrente social colombiano y se desaten los nudos existentes de la paz real, que nos permita avanzar por el camino abierto, entre todas y todos con mucha flexibilidad y creatividad.

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