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El miércoles 30 de marzo trajo una esperanza para millones de colombianos y latinoamericanos, pues con la firma del “Acuerdo para los diálogos de paz entre el Gobierno nacional y el Ejército de Liberación Nacional” se abre una puerta para las transformaciones y la paz en Colombia.

Este acuerdo que da inicio a la fase pública de conversaciones para pactar el fin al conflicto armado es producto de un esfuerzo arduo de las Delegaciones de ambas Partes y de la valiosa contribución de los países Garantes, Ecuador, Venezuela, Brasil y Noruega, y de los acompañantes Chile y Cuba, quienes brindan apoyo político-diplomático, además de aportes a la seguridad, logística y acompañamiento de las conversaciones.

Esta mesa de conversaciones está rodeada de la realidad de la confrontación social y armada que se da en el país y del debate en la sociedad sobre la paz. Si los conflictos sociales que hay en curso se tratan dialogando y resolviendo situaciones críticas, respetando la vida e integridad de los luchadores sociales, si bajamos la intensidad de la confrontación armada, y el debate político en torno a la paz es constructivo, iremos creando entre los colombianos un ambiente favorable a la paz.

Hemos sido reiterativos en plantear en la mesa de conversaciones y también ante la opinión pública, que los diálogos y demás actividades del proceso de paz deben realizarse en medio del cese bilateral al fuego y las hostilidades; al que el Gobierno se ha opuesto, argumentando que “van ganado” la guerra y por ello sólo podrá concretarse cuando se llegue a un Acuerdo final. Por voluntad del Gobierno la guerra persiste, circunstancia en la cual los guerrilleros Elenos debemos resistir en todos los frentes, con lealtad en la lucha de las comunidades y a las banderas de cambio que enarbolamos.

 

El mismo 30 de marzo el presidente Juan Manuel Santos dijo:

“El Gobierno tiene unas líneas rojas muy claras en sus conversaciones con las guerrillas, que no hemos traspasado –ni vamos a traspasar– ni un solo milímetro. Desde el principio hemos dejado en claro al ELN –tal como lo hicimos con las FARC– que la agenda para acabar la guerra no incluye la negociación de nuestro sistema económico o político, ni del régimen de propiedad privada, ni mucho menos temas relacionados con la doctrina militar o nuestra fuerza pública.”

Estas “líneas rojas” constituyen un cerco político que limita los alcances transformadores de los acuerdos a lograr. Puesto que la aplicación de las políticas neoliberales ha implicado mayor antagonismo social y nuevas respuestas represivas y violentas del régimen, que se suman al grave conflicto por la tierra y la exclusión política, existentes desde hace más de 50 años, cuando se generó el actual conflicto. La sociedad sabrá buscar las mejores salidas para superar estas “líneas rojas”, a favor de lograr una solución política.

El presidente también hizo referencia a los acuerdos logrados en la mesa de La Habana sobre verdad, justicia y cese al fuego, a los que coloca como punto de llegada, para la mesa con nuestra organización. Reiteramos que hemos convenido que esta mesa se guiará por la Agenda pactada para construir los acuerdos, por lo que en algunas cosas podría llegarse a acuerdos similares o complementarios, pero en otros podrían ser diferentes; y para avanzar en una posible convergencia de las dos mesas está acordado adelantar dinámicas de coordinación y sincronía.

El Presidente condicionó el inicio de la fase pública, a que se resuelva el tema de las retenciones, requisito que abre la puerta para que el Ejército de Liberación Nacional también establezca condicionantes, lo cual entorpecería las conversaciones, de ahí la conveniencia que los temas humanitarios y del cese del fuego, contemplados en la Agenda pactada, deban tratarse en su momento.

Vamos a la mesa de conversaciones con el Gobierno a labrar en común el camino de la solución política al conflicto armado. Dialogamos y nos comprometemos ante el país con todo lo que se vaya pactando. Aspiramos a que esta mesa de conversaciones contribuya al fortalecimiento del movimiento de las mayorías, por la paz con justicia social y a la erradicación de la violencia de la política.

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