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Empezamos lamentando la catástrofe con nuestro hermano pueblo ECUATORIANO, quienes están sufriendo dolor por la muerte de más de quinientos ecuatorianos y más de dos mil heridos.

Este doloroso hecho nos toca por nuestro amor eficaz y por su valiosa colaboración en particular con nuestro proceso, específicamente con el inicio de la fase pública.

El primer punto de la agenda acordada con el gobierno es la participación de la sociedad tanto en esta agenda como en lo que piensa debe ser la paz que requiere el pueblo Colombiano. Ya tenemos unas iniciativas de paz que compartimos, como también hay otras iniciativas de paz que no compartimos. Pero es justamente eso, que todas las iniciativas se lleven a un GRAN DIALOGO NACIONAL. Estamos por una paz con justicia social que es diferente a las iniciativas de paz del bloque dominante en el establecimiento. He ahí la diferencia.

El segundo punto de la agenda es democracia para la paz, es decir que la sociedad haga parte de las decisiones, que no sea un convidado de piedra. Sin derechos no hay democracia. El concepto de democracia como modo de acción de los sujetos políticos, incentivar los liderazgos colectivos que se requieren para cerrar el camino a caudillismos y dependencias personalistas. Se desarrolle en las fábricas, en los barrios, en las Universidades, en los sectores de la cultura, en el de la información, la participación política de los sectores tradicionalmente marginalizados.

Aquí se dará tratamiento al problema de la criminalización de la protesta social, se sus presos, tales como el indígena Feliciano Valencia, el líder social Huber Ballesteros y tantos otros presos por protestar contra las políticas gubernamentales. El terrorismo de estado se ve palpable, 346 colombianos, integrantes de organizaciones sociales y populares, han sido asesinados durante el gobierno de Santos, contándose entre ellos 112 del Movimiento Político y Social Marcha Patriótica. Son miles los amenazados. A semejante horror se suma la política oficial de la acción paramilitar. Durante el pasado año se produjeron 682 amenazas a defensores de los Derechos Humanos y según la oficina de Naciones Unidas 69 terminaron en asesinato. Verdaderas garantías democráticas para la gente del común. Colombia es el país más peligroso del mundo para ejercer la defensa de los Derechos Humanos.

El tercer punto es transformaciones para la paz. Pero el gobierno dice que es un inamovible, no se discutirá nada referido a la estructura del Estado, a la estructura económica y social, a la propiedad y a la doctrina militar. Es por ello que los acuerdos a que se llegue en las conversaciones de paz, debe ser para crear la nueva estructura del Estado social.

Por causas asociadas a la desnutrición, según investigación de la Universidad Nacional durante la última década murieron 63 mil 634 personas por desnutrición y patologías asociadas: “eso equivale, en promedio, a 18 muertes diarias, en su mayoría, de menores de cinco años. Nos da un volumen de cerca de 3 niños diariamente muertos en Colombia por desnutrición. En “El Cerrejón” se vierten a diario unos 17.000 M3 de agua: “Mientras una persona en La Guajira colombiana tiene acceso a 0,7 litros de agua al día, la mina del Cerrejón emplea en un día 17 millones de litros en la explotación de carbón” efectos directos en la crisis alimentaria que se vive en La Guajira y sus consecuencias de desnutrición y muerte. Para la producción de 1 kilogramo de papa se necesitan 300 litros de agua y para extraer uno de oro se usan 1,06 millones de litros de este líquido vital. La gran propiedad está repartida en muy pocas fincas (0.4%) pero ocupa 4 de cada 10 Hectáreas del área sembrada. La extrema desigualdad en la propiedad de la tierra. La construcción de la paz con justicia social nos insta a pensar en transformaciones radicales.

El cuarto punto es el de víctimas. El Estado es el responsable principal, bien por aquiescencia, tolerancia o connivencia. En toda victima el estado colombiano tiene una responsabilidad que no puede descargarse.

El quinto punto, el fin del conflicto, a lo que la organización plantea que:

Asistimos a este diálogo para examinar la voluntad real del gobierno y del Estado colombiano; si en este examen concluimos que no son necesarias las armas, tendríamos la disposición de considerar si dejamos de usarlas.

Aquí también se tratará el tema del infierno en las cárceles de los presos políticos secuestrados por el Estado en malas condiciones de salud y en hacinamiento.

 

El sexto punto es el de implementar los acuerdos pactados.

Difícil si es, el que crea que es fácil está muy equivocado porque son dos posturas de paz, dos concepciones distintas y se buscará llegar a acuerdos para vivir en paz desde el planteamiento de la sociedad colombiana. Los pueblos son amantes de la paz. Los pueblos no crean guerras. Se las imponen y entonces se ven obligados a hacer uso del derecho a la rebelión. Se va promoviendo y admitiendo que los hombres y mujeres que en legítimo derecho a la rebelión se alzaron en armas contra el opresor, son los delincuentes y los criminales y que quienes han ejercido la más brutal violencia sobre el pueblo son los justos.

La rebelión, es un acto de defensa legítimo, que deriva o es efecto de la guerra ejercida sobre los pueblos por las castas dominantes. No es la rebelión la guerra misma, sino la respuesta legitima de los pueblos al abuso, a la humillación y al sojuzgamiento. Siempre los rebeldes, los que insurgen, los que se alzan en dignidad, han sido los desarrapados y desposeídos de la tierra, jamás se ha visto en la historia que los poderosos fueran las víctimas de los rebeldes.

El que genera la guerra, la ejerce y la desarrolla en contra de todo un pueblo, es el que debe dejar de hacerla. La guerra no se acaba por que la insurgencia deje las armas y se desmovilice, ni incluso se acaba por que los dos contendores concluyan el enfrentamiento armado, pues la guerra es más que eso. Ahora mismo y mientras el gobierno habla de paz, el paramilitarismo sigue actuante y sonante en diversas regiones del país. Las cifras nos revelan la sufriente realidad: El Estado es responsable del 83% de las ejecuciones extrajudiciales, del 83,3% de las masacres y del 97,7% de las desapariciones forzadas, el estado encarcela, asesina y acomete grandes violaciones a los Derechos Humanos. Es al estado colombiano y a la casta en el poder, a los que se les debe exigir dejar las armas, que deje de asesinar, que deje de secuestrar con su ejército legal, y su ejército ilegal.

 

La rebelión es un efecto de la guerra y no su causa.  

La paz del establecimiento es de fortalecimiento de economía neoliberal, extractivita, economías ilegales con violencia criminal y paramilitar. Mantener en paz sus capitales y su poder. Es una paz de Santos y de Uribe, la paz de sus Generales traqueteos. Su accionar militar y paramilitar busca afianzar el control territorial de las multinacionales y de la burguesía. Facilitar a las empresas transnacionales, de disponer de todo el territorio pacificado y Con esa lógica de la clase en el poder, para demostrar sólo con un ejemplo, el de la Macarena, Caño cristales donde aún no han firmado con las FARC-EP y ya le dieron autorización a 14 multinacionales para cambiar El Rio 5 colores, a un solo color, el color del petróleo que piensan explotar las multinacionales, no dan espera, ya están por intervenir en las zonas donde las insurgencias van a desalojar, con el supuesto de que ellos si van a imprimir desarrollo y que nadie lo puede impedir. De esas catorce sólo revocaron una, con esa distorsionan y engañan, de que ya el estado actuó correctamente. Rapiña extractivista de recursos naturales como el agua, el oro, el petróleo o el carbón es prioridad del estado.

Nuestra paz, la de las mayorías populares no es un pacto de poderes de Estado, que arrincone y desaparezca la lucha social, es un pacto de unidad de la clase popular por mejores condiciones de vida que tengamos salud, educación, vivienda. Lograr una paz que signifique justicia y equidad social, democracia y soberanía.

Nuestro esfuerzo ha sido desarrollar una expresión de Paz, que abra un proceso marcado por la participación protagónica de los ciudadanos, que se desarrolle el ejercicio político de participación protagónica del pueblo en su tarea de construir una sociedad justa y fraterna. Nadie más lo va hacer es el pueblo. Los que siempre han explotado no lo van a hacer.

Pero nos quieren presionar para que nos sumemos a su establecimiento, a su Constitución, pero ya decía Jaime Garzón: “la Constitución política de Colombia contenía tantas aberraciones tal como prohibido torturar, desaparecer, asesinar, que es como si al llegar a una casa hubiese un aviso que dijera prohibido sonarse los mocos con el mantel”

Nos presionan para que renunciemos al derecho de rebelión de los pueblos. Lo toman o lo dejan, los deja el tren de la paz. Quieren que el poder siga intacto, su institucionalidad, su legalidad y sus marcos jurídicos; mientras ellos, no están dispuestos a cambiar, ni a facilitar los cambios que nos enrumben hacia la solución política y a un clima de paz.

No podemos dejarnos perder en sus aguas turbias. Además de despejar el principal obstáculo al saqueo de ese país le dejaría las manos libres a sus fuerzas armadas para eventuales intervenciones en Venezuela.

Somos Causa de un conflicto derivado de la lucha de clases, producto de una burguesía rancia que ha excluido, explotado, criminalizado y perseguido a la clase popular. Nos hemos

rebelado contra la estructura del Estado oligárquico, contra las estructuras económicas y sociales, contra el predominio de la propiedad de los medios de producción en manos de la oligarquía, contra el estatuto militar como instrumento al servicio de la oligarquía, en lugar de estar al servicio de las mayorías nacionales para defender sus conquistas y reivindicaciones sociales. La barbarie demencial ha sido tal que, han eliminado los candidatos presidenciales por la izquierda, por el Partido Unión Patriótica, Bernardo Jaramillo Ossa y Jaime Pardo Leal. Han acabado con la Up, asesinaron líderes de A luchar y del Frente popular.

Siempre que el estado esté dispuesto a cambios, así como nosotros estamos flexibles y dispuestos a cambios, pero nuestra guía de humanismo y planetaria sigue. Lo más importante, los sectores con conciencia patriótica seamos capaces de ir uniéndonos y movilizándonos de manera cada vez más contundente para presionar esos cambios.

Sólo la fuerza del pueblo movilizado, la confluencia de las mayorías, la unidad de los de abajo, podrá obligarlos a ceder, a aceptar otras variantes que nos enrumben por los caminos del cambio y de la paz.

 

COLOMBIA PARA LOS TRABAJADORES,

NI UN PASO ATRÀS, LIBERACIÒN O MUERTE

 

CONDUCCIÓN FRENTE DE GUERRA CENTRAL JÉSUS DARIO CALLE

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